VINO DEL CAMPO DE CARTAGENA

EL DORADO DE LOS SANCHEZ

Sureste Vivo - Vendimia 01A final del mes de agosto, Sureste Vivo fue invitado, como otros años, a uno de los rituales más ancestrales de nuestra extensa cultura mediterránea. Como se viene haciendo desde tiempos inmemoriales por estas fechas, hemos asistido a la elaboración del vino de este año; no un vino cualquiera sino nada menos que el caldo sagrado del Campo de Cartagena; el más aurífero de los vinos del Mediterráneo, el “vino dorao“de la tierra con el color de la puesta de sol por el poniente, delimitada por las sierras prelitorales que encierran la llanura de esta comarca.

El enclave no puede ser más apropiado, junto a una vieja casa de labor, en el paraje de los Sánchez de Roche, entre la Unión y los Camachos, por donde debieron transitar los romanos en sus idas y venidas entre las minas de la Unión y el puerto de Cartago Nova y donde ubicaban sus villas rurales. Cerca de la posible ubicación de una de estas villas, la familia Montalbán emulando a los antiguos habitantes de estos lares y siguiendo la tradición de los abuelos, cada año, al final del verano, pisa la uva para elaborar un vino artesano de la forma más popular, pisando en familia y entre amigos y de paso dando buena cuenta del vino que resta del año anterior.

El día anterior se han recogido las uvas monastrel y garnacha de las amables viñas que con los calores del estío están listas para ser recolectadas y mostrarse ahora brillantes y apiñadas en sus racimos sobresaliendo de las cajas que las acogen apiladas a la puerta del lagar como queriendo salirse en busca del mágico proceso que les espera.

En el lagar les aguarda la pila y el piso de tablas sobre el cual los descalzos pies crearán una anárquica danza en la que los granos bailarán bajo el peso de la alegría y el bullicio de los danzantes con un ritmo desacompasado pero solidario que va rasgando la piel de las uvas para liberar el jugo que resbala entre las juntas de las tablas hasta el fondo de la pila, desde el cual ira emanando el olor del mosto recién exprimido que lo va pregnando todo.

Antes de abrir el grifo que liberará el mosto de tan frenético ritual, se cernirán los restos de las uvas agarradas aún  a los racimos, el orujo, que pasa rápidamente a la prensa manejada con meticulosa maestría por el señor Diego que ofrece el primer mosto, oscuro, sucio todavía, y que va dorándose a medida que la prensa  desciende por el tornillo sin fin. Después de acabado este prensado se abrirá el grifo de la pila y el mosto se escapa en continua cascada hasta quedar atrapado en un cubo de cinc desde el que se traspasa al barril, previo filtrado de las posibles impurezas, si es que puede haber impuro en semejante caldo; barril en el cual cumplirá una corta condena de unos meses hasta depurar su pecado de osadía y reconvertirse en el deseado vino turbio de nuestro campo.

Entre trasiego y trasiego de cubos de mosto el cabeza de familia da su permiso para hacer un merecido descanso para el almuerzo de morcilla y longaniza enjuagadas con el vino del año anterior o por el recién exprimido mosto que a estas alturas ha impregnado de un olor afrutado y dulzón las paredes del viejo almacén, el mismo aroma que se agarra a brazos y piernas de los danzantes sonrientes y achispados no tanto por los efectos del vino como por los efluvios del ritual mismo.

Tras el descanso para las piernas, y que el  calor seque hasta el mismo sudor impregnado de mosto, el baile continuará sobre la pila hasta que el último grano se transforme de fruto en el delicioso jugo que dentro de los barriles, que se van sellando con manojos de hinojo para permitir la transpiración, sufrirá la metamorfosis que unos meses después lo habrá convertido en un vino rústico pero nada tosco ni rudo sino, más bien, en un vino simpático y alegre al paladar y a la vista. Porque el vino pisado en cada casa, cortijo o caserío no puede ser más que un vino alegre y simpático. Lejos de las denominaciones y características técnicas que la enología le otorgaría, el de los Sánchez es un vino sin estridencias, simplemente sencillo y casero. ¿Que más se puede pedir?

Así se elabora el “Dorado de los Sánchez”; antes de dar cuenta de una buena mesa y una mejor sobremesa que se alarga toda una tarde hasta que los vapores del vino se evaporen de paredes de la casa y de más de un cuerpo ingenuo que se dejó embaucar por el oro líquido.

Fº Javier Escarabajal (Sureste Vivo)

Un pensamiento en “VINO DEL CAMPO DE CARTAGENA”

  1. Como echo de menos mi tierra y estos pasajes aqui nombrados, ese almuerzo con pan casero de la venta de la vieja (Los Camachos), sus morcillicas y su longaniza y ese dorao con habicas tiernas.No se cuando volvere de este destierro; quizas cuando cambie la situación de nuestro pais, pero espero poder celebrarlo con una barbacoa con los seres queridos y estos manjares que ofrece nuestra tierra. Salud para los que podeis tomarlo ahora, un fuerte abrazo.

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